Nació en La Ferté Saint-Cyr (Francia).
Para evangelizar en África, se unió a los  misioneros de la congregación del Espíritu Santo. Enviado a Senegal  en 1902, su celo apostólico se volcó en dar a  conocer a Cristo entre los paganos.
Durante siete años de  predicación, enfermó debido a las carencias y el clima africano.  Regresó a su país y se dedicó a educar y  asistir a niños y jóvenes abandonados.

Los  testigos de su trabajo reconocieron su estoicismo y le hicieron  digno de la Legión de Honor y la Cruz de  Guerra.
En 1923, se ocupó de  la dirección de la Casa de Huérfanos Aprendices de Auteil,  con 175 alumnos Trece años después, antes de su muerte,  la población estudiantil aumentó a 1400.

El padre Brottier destacó por ser  hombre de oración y humildad, con dotes de creatividad, iniciativa  y capacidad administrativa. Propició la construcción de la Catedral de  Dakar (Senegal) y participó en la integración de la Unión  Nacional de Excombatientes, obra de beneficio social.
Durmió en la  paz del Señor, en París, el 28 de Febrero de  1936 y los milagros se suscitaron.
Juan Pablo II lo beatificó  en 1984